El verano acababa y  estaba exultante por las nuevas noticias, se había ido a pensar relajada por la playa, estaban preciosas la playa  al atardecer y ella. Apenas había personas paseando.

A lo lejos vio a un chico joven, de buena figura que iba pintando en la arena con un palito.

A medida que se iba acercando, le picaba más la curiosidad de quién seria y qué estaría dibujando o escribiendo.

Decidió seguirlo a una distancia prudencial y pudo ver símbolos, unos símbolos que no conseguía entender, sólo reconoció números que para ella no tenían la menor importancia, pero que para él debían significar mucho.

Le interesó ese chico, era feliz, estaba bien y se entretenía solo, a alguien debía conocer que le hacía tan feliz. Aunque no se atrevía a preguntarle nada, le seguía y se fijaba en él, él ya se había fijado en ella desde lejos pero disimulaba muy bien.

Ella, con la melena al viento y su andar relajado y estiloso parecía una diosa exultante de felicidad por algunas buenísimas noticias. Respiraba, olía el mar cogía conchitas…
Llevaba una toalla de rayas blancas y azules y un vestido moradito precioso, él iba con camiseta  y bañador y las chancletas en la mano, ambos por motivos distintos estaban felices.

Este chico le atrajo y le hizo pensar mientras volvía a casa y al acostarse se quedó pensando en quién sería y si le vería en otra ocasión. Muy intrigada le llegó a suscitar pensamientos sensuales y con él se quedó pensado...y soñando… hasta que a la mañana siguiente...

Era un cálido día de verano y a Fortuny, que hacía honor a su nombre, recientemente le había sonreído la suerte. Días antes, el número premiado de la lotería, la convertiría en una mujer inmensamente rica.

Ahora ya lo tenía casi todo: Belleza, salud, dinero… le faltaba y  deseaba amor y gozar de la vida, y así empezaba a ponerlo en práctica adquiriendo sus muchos caprichos: joyas, lencería, coches y una preciosa casa en la costa.

Una de las primeras cosas que pensó que sería muy placentero, era dejar de trabajar en su casa y contratar los servicios de un mayordomo. Así lo hizo, para ello se propuso seleccionar con cuidado al mejor y contratarlo, no sin antes, ponerlo a prueba.

Acababa de empezar el día para ella, aunque era muy tarde y pensó… me pondré mis cremas y lencería, ese body de red tan excitante que me quedaba como un guante, y llamaré, para que me traigan el desayuno.

El nuevo candidato para servirla se habría puesto la indumentaria obligatoria de mayordomo caliente: pantalón negro, puños de camisa y una pajarita. Nada más, por tanto su imaginación le haría pensar en diversas situaciones subidas de tono y lo llamó con la campanilla desde la habitación.

 

-         Por favor garçon!

-         Dígame madam, ¿desea algo?

-         No puede ser!!!!, es el chico de la playa!!!!!!! –pensó-

-         Sí garçon. Tráigame el desayuno: frutas, nata, chocolate y champán.

-         Enseguida Madam.

 

A ella le subió la temperatura en segundos al ver de nuevo a ese chico. No daba crédito, su posible nuevo mayordomo!!. Sin embargo a él sólo le pasaba por la cabeza la tórrida sensualidad de la señora pensando, para sí, que era una lástima no poder complacerla en todos los sentidos porque, una vez descubierta la identidad de aquella mujer,  semejante dama quedaba fuera de su alcance.

 

Pronto se presentó con la bandeja del desayuno-aperitivo de la señora en su habitación. Llevaba el torso sin nada encima sólo lo comentado, los puños, la pajarita y el pantalón.

Ella ya se había desprovisto de su camisón mini de transparencias, con el que pensaba recibir a sus candidatos cambiándolo por el erótico body de red con unos botines de tacón de aguja y un sólo collar muy sexy como atuendo.

 

-         John, ¿así se llama verdad? –dijo ella-

-         Sí madam.

-         Deje la bandeja y váyase.

 

Cuando se giró para irse tras dejar la bandeja, comprobó de cerca que el mayordomo tenía ese trasero y aquella espalda diseñados para ella, con los que soñó durante aquella larga noche y se dio cuenta rápidamente de que tenían que ser suyos, como todos los caprichos que deseaba para gozar y alegrar su vida.

 

Cuando el mayordomo se disponía a marchar, le paró y le dijo:

 

-         John, siéntate aquí por favor –señalando el borde de su cama- ¿Quieres compartir conmigo el aperitivo?

-         Sin duda madam, sería un placer. -Contesto él-.

 

Por su cabeza sólo pasaban las ardientes curvas de la señora y se estaba empezando a excitar sobremanera de sólo pensar en poseerla.

Ella se recostó sobre las almohadas y cojínes, en esas suaves sábanas de seda mostrándose absolutamente sexy. Mientras tanto, el mayordomo estaba en el borde de la cama sin salir de su asombro.

Cuando se giró para acercarle las fresas, se la encontró acercando la boca con los ojos cerrados, momento que aprovechó él para mirarle los pechos, piernas y caderas y sentir un calor en su interior que le cortaba la respiración, ella abrió  los ojos  y le vio excitadísimo observándola como un analista topográfico, pero con profesión de tocólogo y le dijo...

 

-         John, póngales nata (mostrándole lo pezones que asomaban por la red del body súper ceñido)

 

John puso la nata sobre sus pezones notando como se iban endureciendo poco a poco y oyó a Fortuny decirle suavemente, susurrante y lasciva…

 

-         Ummmmh… sírvase garçon.

 

Ella notó en él ese calor, dejó caer su mirada comprobando que estaba absolutamente erecto, sabía que no se negaría y qué mejor manera para probar si era o no buen mayordomo que probarlo personalmente...

Pronto las fresas desaparecieron, pero la nata y el champán no, ambos iban por el cuerpo de la señora. Efectivamente tenía dotes de mayordomo y acataba todas las órdenes de ella sin rechistar, lamiendo y besando cada orden como un verdadero maestro de la sensualidad, adicto a la nata y al cuerpo de aquella misteriosa mujer.

 

Tras dejar la zona erógena ardiente y excitada pero libre de nata, de repente, con el champán ya bebido de su copa natural entre las perfectas piernas de ella y su boca... sacó de detrás de la almohada unas preciosas esposas de perlas, y cuando él iba a estirar la mano con la copa para darle de beber  en sus labios preciosos y cálidos, ella le ató con maestría una mano y después la otra a los aros que formaban la cabecera de forja de la cama. Pronto era ella la que le hacía ponerse boca abajo y deslizaba  su lengua por la nata que había vertido sobre su musculosa espalda, aprovechó entonces para sentarse en sus duras nalgas y tomarse su tiempo para hacerle un dibujo con la pintura de chocolate, luego disfrutó del sabor de su piel chocolateada sin dejar ni una gota. John sonrío por dentro tras conocer el detalle de la señora de querer jugar con él, pero no se lo hizo saber, se mostró serio y estuvo a sus órdenes como ella deseaba. De repente, su miembro erecto y su torso eran nata y chocolate  deleite de ella, y con cada traguito de champán, se lo daba de su boca a él.

Pronto, saciada de dulces y sensualidad se fue tornando en hambre sexual y apareció el deseo más lujurioso. Subiéndose en él comenzó a cabalgar a un ritmo lento y suave, aumentándolo por momentos dejando salir silenciosos gemidos, y  cada vez más rápido miraba lasciva al mayordomo como sólo ella sabía, lo provocaba más y más, jadeando y moviendo sus caderas como una gata en celo.

Tras un largo rato de máximo clímax, alcanzaron juntos el mayor y más placentero  orgasmo que recordaban cada uno.

Quedaron extasiados. Tras dormirse en su pecho, al despertar, ella sólo logró decir… Garçon....

 

Le soltó las esposas y le dijo complacida…

 

-         Puede retirarse

-         De acuerdo Sra.Fortuny.

 

Y cuando estaba a punto de marcharse ella lo retuvo, introdujo el pincel en el chocolate de la mesilla y le pintó unas letras en la espalda.

 

Saliendo de la habitación vió reflejado en el espejo lo que ella había escrito: “contratado”.

En ese momento pensó que era el mejor día de su vida, un día 15 especial y se marchó sonriendo satisfecho.

 

-         Hasta mañana –dijo- y oyó a lo lejos…

-         Ciao Johny!

 

 

 

Fdo. Vivi (Asesora de Granada y Málaga)


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